La tauroeconomía de 1995, en el diario Expansión (Parte I)

Corría el mes de mayo de 1995 y Carmen Méndez hablaba en el diario Expansión de “tauroeconomía”:

Decía Agustín Parra, Parrita, que “el dinero del toro tiene cascabeles. Suena mucho, y al final no queda nada”. El dinero del toro -150.000 millones de pesetas en taquilla (900 millones de euros), 60 millones de espectadores- lidia por los alberos, toca de lleno a unos pocos afortunados y hiere de muerte a otros empresarios y toreros que, a las cinco de la tarde, se lanzan a la arena de un negocio de alto riesgo.

La faena económica de la pasada temporada (1994) se remató con sesenta millones de personas que acudieron a ver un espectáculo taurino -una vez y media la población de España-, de las que un 76% pagaron por ver alguno de los 16.000 festejos celebrados. El respetable dejó en taquilla 150.000 millones de pesetas (900 millones de euros), la facturación anual en España de varias empresas de gran tamaño. La televisión -sobre todo cadenas regionales- retransmitió 318 espectáculos.

Para los empresarios de las siete plazas de primera, donde se celebran el 18% de las corridas, el negocio es redondo. La madrileña plaza de Las Ventas, gestionada por Eduardo y José Luis Lozano, ganó mil millones de pesetas.

Pero el negocio da cornadas a los cientos de pequeños empresarios. Manuel Lozano, hermano de los Lozano de Las Ventas, empresario taurino -plaza de Segovia-, apoderado de El Soro y Javier Vázquez, ex matador, asegura que en este negocio “se pierde más que se gana”. “Muchos empresarios son más aficionados que empresarios”, señala Luis Guzmán, de Torifinsa.

A la inestabilidad del negocio se une la indefinición del reglamento. José Molina, secretario de la Asociación de Organizadores de Espectáculos Taurinos, que reúne a los 170 principales empresarios del sector, dice que “resulta muy farragoso recurrir los actos jurídicos del presidente de una plaza si éste, por ejemplo, decide devolver un toro a los corrales”, asegura.

Devolver un toro a los corrales es la peor de las tragedias que puede sufrir un ganadero, que tarda cinco años en criar un toro e invierte una media de 500.000 pesetas (3.000 euros) en él.

Los toros también sufren los excesos de la burocracia. “Está más documentado que una persona -afirma Manuel Lozano-. Hay un intervencionismo absurdo”.

Otra de las banderillas con las que se zahiere la fiesta es el 16% de IVA que se aplica a los festejos taurinos, frente al 7% que se aplica al fútbol o al cine. En la montera de Hacienda caben más de 10.000 millones de pesetas (60 millones de euros).

Aquilino Sánchez Nodal, de Toroma, comenta otra de las suertes con las que debe correr el empresario: el alto coste de la seguridad social: “El empresario paga entre 500.000 (3.000 euros) y un millón de pesetas (6.000 euros) por una tarde”.

En los medios de esta bronca está la afición. Benito Canto, veterinario y conferenciante taurino, asegura que “hace diez años que no ve una puya bien puesta”. En Madrid, la plaza más dura, se necesitaron 14 toros para ver cortar una oreja. Otro buen aficionado, Félix Muñoz, afirma, en cambio, que él siempre ve algo”

Aquí pueden leer la segunda y la tercera parte de este reportaje.

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