Dos millones de visitantes al año en los museos taurinos españoles

Interesante artículo de Taurología:

En torno a doscientos Museos taurinos abren sus puertas en nuestro país, caracterizados por dos elementos: la tendencia creciente del número de sus visitantes –que estiman próximos a los 2 millones– y el progresivo enriquecimiento de sus contenidos.

Con exponentes objetivamente tan importantes como Sevilla, Valencia o Madrid, por toda la geografía encontramos infraestructuras de esta naturaleza, que cumplen además un importante papel como dinamizador cultural de su entorno. Por eso, llama poderosamente la atención que cuando el departamento responsable de Cultura estudia todos los componentes específicos que la componen, nunca hasta ahora hayan hecho mención al caso de la museística taurina, que en realidad se apoya en instituciones locales y regionales y en la iniciativa privada.

DOSCIENTOS MUSEOS CON ALTA CONCURRENCIA MEDIA

Aunque vengan siendo ignorados en las estadísticas oficiales que se elaboran en el ministerio responsable de la Cultura, de los aproximadamente 1.500 museos que se contabilizan en España en torno a 200 son de temática taurina, muchos de los cuales superan con creces la media del número visitantes que estas infraestructuras tienen en nuestro país. De hecho, siendo la Tauromaquia una de las ramas de la Cultura, sus Museos resultan ser los grandes desconocidos en las estadísticas oficiales, en la que sin embargo se contabilizan otras especialidades que tienen una inferior aceptación y visitantes.

El Museo de la Real Maestranza de Sevilla supera con creces los 200.000 visitantes al año; se acerca a los 50.000 se sitúa el de Madrid y por encima de los 30.000 el de Valencia. En su conjunto, la museística taurina de España puede estimarse que recibe entorno a 2 millones de visitantes al año. Y respecto a la media que define a los visitantes de la generalidad de los Museos, en el caso del ámbito taurino una elevada proporción son extranjeros; esto es: constituyen un elemento enriquecedor para el turismo.

Se trata, por otro lado, de museos de muy diversa dimensión y con una gran dispersión en cuanto a su ubicación geográfica. En unas ocasiones son de titularidad pública, pero no son pocos los de propiedad privada. Están en las ya citadas Madrid, Sevilla o Valencia, pero también los localizamos en lugares como Antequera, Béjar o Utiel, por citar tres ejemplos muy dispares. En unos días, si no se vuelven a incumplir los plazos, se abrirá otro nuevo: el de Córdoba, que parte con unos 3.000 objetos y libros para exponer.

Pero todos tienen un importante elemento común: la autentificación de los objetos que se exponen y su adecuada catalogación, además de contar la gran mayoría de ellos de espacios específicamente didácticos en relación con la Tauromaquia y de desarrollar actividades culturales específicas, desde conferencias a exposiciones extraordinarias de carácter monográfico.

Constituyen, pues, verdaderos factores de dinamización cultural, a la vez que dan testimonio de lo que el Conde de las Navas definió en su célebre libro como “el espectáculo más nacional de España”, esto es: el más extendido por toda la geografía y el que mayor participación de espectadores concentra.

El caso modélico de Sevilla

Cuidadamente instalado bajo los tendidos de su plaza de toros, el Museo Taurino de la Real Maestranza de Sevilla está considerado hoy como “una de las joyas de la ciudad” y como tal trasciende con mucho los propiamente taurino. Con una media de 220.000 visitantes al año, se codea en aceptación con el magnífico Museo de Bellas Artes de la capital hispalense.

Al igual que ahora se viene haciendo en Madrid, la visita a las distintas salas del Museo se complementa con un recorrido por las instalaciones y dependencias de la propia Plaza.

Con el apoyo que supone la riqueza documental de la Real Maestranza, hace un par de años se inauguró una nueva sala, llamada la “Sala de las estampas”, que muestra una valiosísima colección de estampas, aguafuertes, litografías y grabados relacionados con la historia de la Tauromaquia, que al decir de los expertos es una de las más importantes del mundo. Allí están representadas prácticamente todas las series históricas de los siglos XVIII y XIX, entre ellas varias de Francisco de Goya.

Las cuatro salas restantes se han ordenado temáticamente. Y así, en una encontramos la historia de la corporación maestrante y su relación con la Fiesta de los toros, y en otro elementos permite conocer los distintos uniformes de los caballeros, sus escudos y la evolución de la Real institución.

En otra de las salas se narra la etapa del toreo a pie con piezas y elementos del siglo XIX. Entre otras obras, destaca el grandioso óleo de Lucas Velázquez, discípulo de Goya, que representa la cogida moral de Pepe-Hillo. También se exhiben una colección de bronces de Mariano Benlliure.

Una tercera salase dedica monográficamente a lo que se ha venido en llamar la “Edad de oro”, dedicada a José Gómez Ortega “Joselito”. y Juan Belmonte. Entre otros objetos, llama la atención un vestido de luces de Joselito cuando tenía 14 años. Pero igualmente sorprende la riqueza y variedad de la cartelería de la época.

La última de las salas está dedicada al toreo contemporáneo y es una de las más llaman la atención del visitante, por tratarse de protagonistas recientes. Y sí, por ejemplo, se exhibe la cabeza disecada de la vaca “Islera”, la madre de “Islero”, el toro que mató a “Manolete” en Linares. Para quien la contempla resulta especialmente sugestiva, toda vez que contiene una magnífica colección de trajes de luces pertenecientes, entre otros, a Manuel Jiménez «Chicuelo», Diego Puerta, Curro Romero, Manolo Vázquez –el vestido celeste y oro del día de su despedida— y José María Manzanares –el que vistió la tarde del indulto al toro de Núñez del Cuvillo–.

El Museo abre todos los días del año –salvo los días que hay corridas por la tarde– y en la época veraniega lo hace también por la noche. Entre los visitantes de otros países sobresalen los franceses, ingleses y alemanes, pero también son numerosos los japoneses y latinoamericanos, todo ello como fruto de una buena promoción en colaboración con las industrias turísticas.

El progresivo desarrollo de Madrid

En los últimos años el Museo Taurino de Madrid, instalado también en la Plaza de Toros de Las Ventas, recibió una media superior a los 50.000 visitantes y, lo que es más importante, con una progresión creciente.

Como se sabe, este Museo data de 1951, pero en los años noventa se realizó un rediseño del Museo y en 2011 se finalizó una importante reforma, que permitió la renovación integral, convirtiéndola en un espacio ordenado temáticamente según las épocas.

Como la mayoría de los museos de esta naturaleza, se fue desarrollando gracias a las donaciones particulares, como ocurrió con el depósito de la Asociación de Auxilio Mutuo de los toreros y con aportaciones personales Gregorio Sánchez, “Antoñete”, Julio Aparicio, Paco Camino o Cayetano Rivera Ordóñez, entre otros.

En la actualidad consta de cinco salas, con una superficie total que se acerca a los 600 metros cuadrados y unas 300 piezas expuestas. Se reúnen un amplío número de recuerdos taurinos que son valiosos, desde el cuadro colosal de Domingo Ortega,obra del insigne pintor Ignacio Zuloaga, al maravilloso capote de paseo celeste y plata de Juan Belmonte. Un lugar destacado ocupa el traje luces que “Manolete” vistió la tarde de su muerte en Linares lució en Linares la tarde de su muerte en 1947, así como las cabezas de toros como los Miura “Jocinero” y “Perdigón” que hirieron de muerte en Las Ventas, a los diestros Pepete y El Espartero.

Importante es la colección de obras de arte, con grabados de Goya, esculturas de Mariano Benlliure, obras de pintores como Miquel Barceló o Eduardo Arroyo, o el fondo documental cedido por la familia de Martínez de León.

Ahora el Gobierno de la Comunidad de Madrid estudia ampliar el Museo Taurino de la plaza de toros de Las Ventas y mejorar su accesibilidad. Pero también se trata de promover una mas fluida colaboración con los tour operadores, para que las visitas al Museo tengan una mayor cabida en los paquetes turísticos que ofrecen.

Hay muchos y todos ofrecen algo distinto

Junto a casos como los dos anteriores, por la geografía española localizamos un amplísimo numero de museos taurinos. Y todos tienen al menos un aspecto que resulta distinto a lo que ofertan los demás.

Y así, mucho interés ofrece el Museo instalado en Valencia, tan bien cuidado por su Diputación, como demuestra que al año reciba más de 30.000 visitantes. Junto a sus periódicas exposiciones monográficos, que quizá sean las interesantes de cuantas se realizan, en sus salas se puede contemplar, por ejemplo, la importante obra grafica lo que históricamente ha sido la elaboración de la cartelería taurina. Pero con más de 2.500 piezas expuestas, cada rincón de este Museo tiene capacidad de sorprender al visitante.

Tras la donación que realizara el aficionado y coleccionista Juan Barco, una nueva dimensión viene adquiriendo el Museo Taurino de Málaga, que diversificado y enriquecido sus contenidos tanto en lo que se refiere a obras plásticas –con obras de Picasso, Goya, Carnicero o Benlliure–, como en lo que se refiere a vestidos de torear y otros objetos propios de la lidia de valor histórico, que en su día pertenecieron a Cúchares, Paquiro, Largartijo, Cagancho, Bombita, Manolete, Belmonte, Ordóñez, Luis Miguel o Paco Camino.

Así como no ha terminado de cuajar la idea de un museo específicamente dedicado a los sanfermines –el único que hubo hace unos años era de titularidad privada y tuvo que cerrar, ante la falta de ayudas–, en Pamplona se localiza el caso del todo singular del museo que creara en 1984 el gran aficionado Marcelino Jiménez Elizagaray.

Aunque sólo sea por la riqueza y variedad de su cartelería –un elemento que la Junta Administrativa de Vista Alegre siempre cuidó con esmero–, digno de una visita es el Museo de Bilbao. Inaugurado en 1995, desde el comienzo se le dio una importante unidad didáctica a todos sus contenidos, estructurándolo en ocho secuencias de la historia taurina: la tauromaquia de la Ilustración, los toreros del romanticismo, los toreros del 98 y la época de “Guerrita”, la llamada edad de plata que alcanza la generación de la Segunda República, la época de “Manolete”, los años 50 y la época de “El Cordobés”.

Aquí se han expuesto, a título de ejemplo, unos casos concretos. Pero la relación sería interminable. Y en todos los casos se encuentran elementos distintivos propios. Es el caso de Salamanca o Valladolid, pero también de Roquetas de Mar –una sede especialmente cuidada— o Ronda, de Jerez o de Ronde, de Chiclana o Utiel.

Precisamente por esta riqueza documental y artística, por esa notable aceptación de sus visitantes, resulta más llamativo que desde Cultura no se preste más atención a esta parcela de la museística española.

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