La tauroeconomía colombiana de 1997

Dinero.com publicaba en 1997 esta información sobre el impacto económico de la tauromaquia en Colombia:

La Fiesta Brava mueve $8.400 millones de pesos colombianos (3 millones de euros de 1997) tan sólo en taquillería. Las obras benéficas y la Cruz Roja reciben los mayores dividendos de las ferias de Cali y Manizales.

Tarde soleada, día de sangre y arena. En el ruedo, un torero enfrenta un salvaje animal de 500 kilos. La plaza está llena de fanáticos. Los medios de comunicación narran el suceso a sus oyentes.

Las cuadrillas están alertas a lo que el torero indique y los pasodobles animan desde la tribuna. Todos disfrutan el espectáculo taurino, un evento que no sólo mueve multitudes sino que es un negocio rentable cuyas ganancias se dirigen en gran proporción a desarrollar obras sociales.

Las dos principales ferias que se realizan en el país mueven unos $8.400 millones de pesos colombianos al año (3 millones de euros de 1997), tan sólo en taquilla.

Las siete corridas de Manizales les dejan a los organizadores unos $3.500 millones de pesos colombianos (1,3 millones de euros de 1997), mientras que en Cali la taquilla de la feria es aún mayor. El espectáculo en la plaza caleña de Cañaveralejo deja la no despreciable suma de $4.900 millones de pesos colombianos (1,8 millones de euros de 1997).

Esta suma se recoge en su mayoría entre enero y febrero, como producto de la venta de abonos y boletería para los festejos decembrinos. La Feria de Cali es más extensa que la manizalita, ya que está conformada por diez corridas, una novillada y siete eventos especiales.

Por política, los recursos obtenidos en Cañaveralejo van directamente al sistema financiero y sus rendimientos se destinan a la Fundación Plaza de Toros de Cali, que es una sociedad mixta sin ánimo de lucro de la cual el sector privado posee más del 60%. El dinero que se recauda con la feria taurina se reparte entre las obras sociales, el mantenimiento de Cañaveralejo y el sostenimiento de la Escuela Taurina, que prepara las promesas del toreo de Colombia, Ecuador y Venezuela.

Tan sólo el año pasado, la Fundación donó $680 millones de pesos colombianos (250.000 euros de 1997); el mayor beneficiario fue la Unidad de Salud Mental del Hospital Universitario, que recibió cerca de $400 millones de pesos colombianos (150.000 euros de 1997).

Sin embargo, como explica Guillermo Arbeláez de la Fundación Plaza de Toros de Cali, “casi un 40% de los ingresos recibidos por taquilla durante la temporada taurina se destinó al pago de impuestos, pues este año el municipio obligó a la Fundación a pagar este tributo”.

La plaza de toros de Manizales, por su parte, repartió el año pasado unos $180 millones de pesos colombianos (65.000 euros de 1997) a la Cruz Roja, según estimativos de personas vinculadas al sector. Sin embargo, se espera que esta suma aumente con los cambios introducidos a la organización del evento.

Hasta 1996 las ganancias las compartían la Cruz Roja y el empresario Jaime Arango Vélez y sus socios españoles, que se encargaban de la organización de la feria taurina con su empresa Tesma. Pero este año Arango renunció a la organización y en su lugar entró Cormacarena, la empresa que organiza la temporada en Medellín. Sin embargo, pronto nacerá Cormanizales, como fruto del matrimonio entre la Cruz Roja de Caldas y Cormedellín.

Con el nuevo esquema, la Cruz Roja espera aumentar su inversión en las obras sociales que maneja en la capital caldense, como el Hospital Infantil y su pabellón de niños quemados, la prevención y atención de desastres, el sostenimiento del numeroso grupo de voluntarios de Caldas y la realización de jornadas de educación.

A diferencia de lo que sucedió en Cali, el Concejo de Manizales declaró el espectáculo taurino exento de algunos impuestos, lo que este año le representaría a Cormacarena un ahorro cercano a $400 millones de pesos colombianos (150.000 euros de 1997), que se destinarían a ayudar a los niños del Hospital Infantil.

Como lo explica Benjamín de los Ríos, secretario General de Cormacarena, “queremos mantener el alto nivel de la feria manizalita y preparar a la futura Cormanizales para los próximos años”. De entrada, la nueva organización eliminó la criticada corrida del toro, un espectáculo que debían prestar gratuitamente los toreros en honor de este noble animal, debido a que una encuesta entre los aficionados mostró que no era muy apreciada. La encuesta también se utilizó para diseñar el calendario de actividades. Se determinó hacer siete festejos entre el 4 y el 11 de enero: una novillada, un festival nocturno y cinco corridas, una de ellas con toros de la ganadería española Zalduendo. Desde los años cincuenta no se contrataban encierros españoles en Manizales.

Su peso en oro

Alrededor del espectáculo taurino giran una serie de negocios que manejan sumas interesantes. El costo de un toro puede estar cerca de los $10 millones de pesos colombianos si es nacional (3.700 euros de 1997) y $20 millones de pesos colombianos si es extranjero (7.400 euros de 1997). La “importación” de los siete toros desde España para la Feria de Manizales vale $112 millones de pesos colombianos (42.000 euros de 1997), mientras un encierro nacional cuesta $53,4 millones de pesos colombianos (20.000 euros de 1997).

En esta cuenta es indispensable sumar los costos de transporte de los toros y su alimentación (imagine el pasto, la melaza y el concentrado que consume un toro de 500 kilos, de cuatro o cinco años de edad, y eso multiplíquelo por siete, que son los toros para una corrida).

Pero también es necesario contar los novillos, que actúan en la primera corrida de feria.Para la novillada, es decir, la corrida que lidian matadores que no han recibido la alternativa para ascender a torero, se invierten en reses cerca de $27 millones de pesos colombianos (10.000 euros de 1997).

En la actualidad hay más de 100 ganaderías con toros de lidia para plazas de primera categoría. En Colombia son famosas las de Ernesto Gutiérrez Arango, “Dosgutiérrez”, La Carolina, Rocha Hermanos, Fuentelapeña, Achury Viejo y Guachicono.

Faena de millones

Por su parte, el torero como tal y toda la parafernalia que se mueve alrededor de la faena generan una interesante actividad.

Las temporadas taurinas de Cali y Manizales se caracterizan por tener carteles de primer nivel. Este año no será diferente y se verán figuras de la talla de César Rincón, Vicente Barrera, Miguel Báez “Litri” y “El Cordobés”, quienes se han destacado en las principales plazas del mundo.

Arriesgar la vida frente a un toro cuesta dinero y aunque la vida no tiene precio, jugársela en cada faena sí lo tiene. Por esta razón, los toreros más reconocidos, ya sea por su arte y elegancia o por su valentía y destreza, ganan bien.

Los toreros de primer nivel cobran por corrida entre $30.000 y $75.000 dólares estadounidenses (22.000 a 55.000 euros de 1997). Seguramente, el español Enrique Ponce, que este año no vendrá a Colombia porque tiene un compromiso de cacería con el Rey Juan Carlos, cobra en la actualidad $100.000 dólares estadounidenses por corrida (73.000 euros de 1997).

La inversión para ejercer esta riesgosa profesión no es cualquier tontería. Un simple traje de luces puede costar $5 millones de pesos colombianos (1.850 euros de 1997), aunque el precio varía según la cantidad de lentejuelas, hilos dorados o aderezos que luzca.

Y esos dineros están en juego en cada corrida. Un roce con un pitón (cacho del toro) puede rasgar y prácticamente destruir el costoso traje. Afortunamente, la mayoría de las veces se pueden remendar. Sin embargo, no falta el agüerista que después de una cornada arroja a la basura su traje de luces.

Por su parte, una montera o el sombrero negro que caracteriza el porte elegante y artístico de los matadores, también tiene su precio. El fabricante de monteras de seda más famoso es el colombiano Diego Ramos, que puede cobrar por su trabajo alrededor de $250.000 pesos colombianos (90 euros de 1997), según afirman expertos en la materia.

En total, un torero necesita unos $10 millones (3.700 euros de 1997) para salir al ruedo con el atuendo y los instrumentos necesarios para jugarse la vida.

Sin embargo, el torero no está solo. Trabaja con una cuadrilla que se encarga de asistirlo en la faena y, en ocasiones, de salvarle la vida. Ellos, como cualquier empleado, reciben un salario. Cada matador tiene un equipo de trabajo que paga él mismo y éste se complementa con otros subalternos que asigna la plaza.

La cuadrilla de cada matador español, como lo explica Benjamín de los Ríos, tiene un banderillero de confianza que el torero paga y que viene desde España. La plaza de toros le asigna los demás subalternos. El primero es pagado por mitades y los demás los paga la empresa, en este caso, Cormacarena.

Pero hay otros costos, como el mantenimiento de la plaza, la pintura, cal y arena para el ruedo, comida para los toros, el grupo de médicos para atender urgencias, acomodadores y, muy importante, la banda que anima con sus pasodobles cuando un torero hace una buena faena.

Por último, están los gastos de publicidad, fundamentales para la promoción del evento taurino. La Fundación Plaza de Toros de Cali pagó por un comercial de televisión que dura 30 segundos, $65 millones de pesos colombianos (24.000 euros).

El negocio que se mueve alrededor de la feria taurina y su impacto sobre las obras de beneficiencia, hace que cuando suenan las trompetas y entra el primer toro, los espectadores no sean los únicos que ponen sus esperanzas en el espectáculo.

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