Juanma Lamet, sobre la salud económica del toro

Juanma Lamet, en su blog de Expansión, habla sobre la salud económica de la tauromaquia:

En septiembre de 2013 se celebró en Alicante el seminario Toros en España: Tradición, Arte y Economía, que organizó Casa Mediterráneo, institución dependiente del Ministerio de Exteriores. Participé junto a Enrique Ponce, Lucía Martín (UCTL) y Mar Gutiérrez (ANOET) en la mesa Toros: ¿un buen negocio para España? Y esto fue -palabra arriba, palabra abajo- lo que dije.]

Queridos amigos y admirado maestro Enrique Ponce. Antes que nada dar las gracias a la Casa del Mediterráneo por organizar este seminario y por haber tenido a bien invitarme. Es un placer. Como apasionado de la tauromaquia, en primer lugar, y como periodista de un diario económico, en segundo, me alegra poder compartir con vosotros un ramillete de razones y de datos que justifican mi respuesta al título de esta mesa: Toros, ¿un buen negocio para España? Y esa respuesta es que sí. Un sí rotundo y, ya digo, basado en la irrefutabilidad de las cifras, que son quizá nuestro mejor escudo factual contra los ataques.

Es pertinente que el título de la mesa sea una pregunta -“¿un buen negocio para España?”-, porque hay dudas. Porque la percepción en la opinión pública no está clara. Ese metralleo constante de los antitaurinos y de ciertos políticos amigos de los maximalismos ha acabado por hacer mella en el orbe táurico, y cunden las preguntas: ¿Esto se hunde económicamente? ¿Esto tiene futuro?… y otras muchas. En la calle ha calado la especie de que los toros son una fiesta moribunda. Y eso no es sólo una gran mentira; es también una leyenda urbana. Vamos a condensar estas dudas en 6 preguntas 6, con sus consiguientes respuestas y sus muchos datos.

1. ¿La tauromaquia es un espectáculo económico?

No. O, al menos, su razón de ser no es la económica. Los toros son arte. Un arte en movimiento, que se crea solamente mientras se produce. Y ahí radica su singularidad, su magia: la esencia del toreo sólo se puede admirar en el presente, porque una faena nunca está escrita, ni compuesta, ni es artesanía. Es arte que se atrapa mientras se esfuma. Y pese a todo, perdura. Por eso los toros no son ni pueden ser un producto económico movido por el fin último de generar beneficios en una cadena de valor. No, los toros son un romanticismo. Pero un romanticismo cultural tan basado en la verdad que no puede evitar dejar una gran huella económica, casi como un desenlace necesario… e imprescindible. Porque la verdad vende. 

2. ¿La tauromaquia es un espectáculo en decadencia?

Los datos nos dan la respuesta y es un no rotundo: en ninguna otra década como en la anterior se celebraron tantas corridas de toros. Una media de 852 al año, entre 2001 y 2011. Es decir, un 12% más que en la década de los 90 y un 79% más que en la década de los 80. O cinco veces más festejos mayores que en los años 30, en la llamada Edad de Plata de la Tauromaquia. Por ejemplo, en el año 2012 se celebraron sólo 524 corridas. Pero eso sigue siendo un 10% más que en la media de los años 80 y la misma ratio que en la Edad de Oro del toreo: 120 corridas por cada 100.000 habitantes, como bien nos ha ilustrado Juan Medina, profesor de Teoría Económica de la Universidad de Extremadura y tauroeconomista de cabecera.

Bien es verdad que los toros no están en decadencia, pero sí en crisis. En una gran crisis, como cualquier otra disciplina artística. Desde el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, que tantos euros inyectó en las arcas taurinas, el negocio de los toros se ha reducido a la mitad. ¿Por qué? Porque los ayuntamientos titulares de plazas públicas no tienen fondos para sufragar los festejos. Así, alrededor de un 90% de los festejos que se han dejado de dar corresponde a plazas de tercera. En las de primera y segunda el ajuste existe, pero es eso, un ajuste. Si los antitaurinos dicen que los toros están en decadencias, deberían decir que las artes escénicas también están en decadencia, ya que sólo en septiembre y octubre del año pasado, tras la subida del IVA, sólo en esos dos meses, perdieron un 35% de espectadores. Así que crisis sí, claro, pero decadencia no, ni de lejos. Y la siguiente pregunta, que ya sale por chiqueros, nos dirá por qué. 

 3. ¿La tauromaquia es un espectáculo económicamente musculoso?

Esta es la pregunta clave. Y la respuesta esta vez es que sí. Aunque los empresarios aún no han tenido a bien encargar un estudio del impacto que generan los toros en la economía española, los economistas (el primero, Juan Medina) sí lo han hecho. Y, siguiendo la metodología del Instituto Nacional de Estadística, la llamada fiesta genera cada año unos 2.000 millones de euros. Esto, que podríamos llamar PIB taurino (o Producto Interior Bravo) ¿es mucho o es poco? Por ejemplo, es más que el presupuesto de gasto no financiero de los Ministerios de Exteriores, Justicia, Agricultura y Presidencia. Más: a los espectáculos taurinos acuden casi 40 millones de personas al año en España. A las plazas de toros, una cuarta parte. Las principales ferias taurinas mueven más de 900 millones de euros al año, como ha calculado Medina.

Más: por cada 50 euros invertidos en la compra de una entrada se generan otros 90 euros adicionales para la economía local; es decir, en hoteles, bares, museos… Y los festejos populares son una mina. Baste citar los Sanfermines. Es tal el músculo económico de la fiesta, que resiste la mayor crisis de la historia reciente sin que los que mandan en ella hagan apenas nada. Con el piloto automático.

4. ¿La tauromaquia es un espectáculo subvencionado?

Me alegra que me haga esa pregunta. En el mundo del toro hay subvenciones, pero ni son comunes, ni grandes, ni por supuesto mayoritarias, ni fundamentales para que la fiesta prosiga o sobreviva. Esto último, que es el mantra actual de los antitaurinos, da hasta risa. Los toros no se sostienen por las ayudas, y allá donde las reciben, el negocio para las arcas públicas es claro. Véase Madrid, donde con el canon de Las Ventas ya se sufragaría toda la inversión de la Comunidad en tauromaquia. Pero es que además la hacienda regional se lleva 3,5 millones extra en concepto de IVA sólo en San Isidro. Y la Administración General del Estado, otros 3,5 millones. El resto de la temporada en la capital (y en el resto de festejos de la comunidad), la factura aumenta. Un negocio redondo.

En el caso de los ganaderos de lidia (los grandes paganos de esta crisis, a los que no se les puede pedir más), el Parlamento Europeo ya ha contestado en casi una veintena de ocasiones que no existen subvenciones específicas comunitarias para la crianza de reses bravas. Las ayudas que se dan son las que reciben todos los ganaderos dentro de la PAC, desacopladas de la producción. Según el número de hectáreas de la explotación, para que nos entendamos. 

5. ¿La tauromaquia es un espectáculo pasado de moda o minoritario?

Según una encuesta de El País, la tauromaquia interesa al 37% de la población. Es decir, a unos 17 millones de personas. Y la audiencia de los toros en TVE, pese a que apenas hay corridas televisadas por el ente público, supera con facilidad la media de la cadena y del día. Siempre me gusta poner un ejemplo que, de nuevo, nace de la gubia del profesor Juan Medina: ¿Dirían ustedes que la tauromaquia era minoritaria en Barcelona? Pues bien, en una temporada no especial, sin José Tomás, a la Monumental acudía un 39% más de espectadores que a ver al Regal Barça. Y a nadie se le ocurre insinuar que el baloncesto es minoritario o está pasado de moda, ¿verdad?

6. ¿La tauromaquia es un espectáculo que hay que mantener tal cual, entonces?

No, no y no. Es el momento de remodelar el sistema económico taurino de arriba abajo. Que los toros tengan una fácil defensa apoyada en los datos sólo debe animarnos a exigir aún más a los empresarios, a los taurinos y a los profesionales del arte de torear. Porque el primer enemigo está dentro: la inacción. Duele ver la falta de unidad, de propuestas, de conciencia económica y de pasión. La indolencia duele. Y duele que no se haga nada, aunque incluso sin hacer nada, la nave va, y avanza con la fuerza de una masa social que, por cierto, aguanta demasiado. Y que envejece, ojo, porque lo que más duele es la desafección en la juventud, que es una batalla que no se puede ganar porque, simplemente, los que mandan no la están librando.

El colmo fueron estas declaraciones de José Antonio Martínez Uranga, presidente de Taurodelta y, por tanto, mandamás de la cosa táurica. Dijo: “A esto le queda poquito tiempo. Mi hijo Manuel será la última generación que viva del toro”. Martínez Uranga sólo tendrá razón si se hace todo mal, porque muy mal se tienen que hacer (¡y decir!) las cosas para que, con las fortalezas que acabamos de explicar, asentadas en la fuerza de los datos, la tauromaquia no remonte esta crisis. Los toros tienen mala salud, sí, pero es una mala salud de hierro.

Entonces, los toros, como reza el lema de esta ponencia, ¿son un buen negocio para España?Permítanme que responda citando una frase que acaba de decir el maestro Enrique Ponce: “Quien lo dude es que no está en este mundo”.

Muchas gracias.

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