La Temporada Grande de La México deja 4 millones de euros en la economía local

México es el segundo país con más tradición y aficionados taurinos, por lo que la organización y la preservación de esta actividad genera empleos y ganancias económicas al país. De acuerdo con el presidente de la Unión Mexicana de Toreros, Miguel Ortas, sólo la Plaza de México, genera 4 millones de euros anuales en distintas áreas: electricistas, albañiles, transportistas, vendedores, hoteleros…. Éste es el principal beneficio de la existencia de la tauromaquia en el centro del país, puntualiza el también maestro de la Escuela Taurina de la Plaza México.

Ante las críticas de movimientos antitaurinos en el país, Miguel Ortas señala que el desconocimiento de la fiesta brava es parte esencial de las posturas radicales de los manifestantes. “No hay información, no saben lo que tiene de profundad, toda la cultura y la derrama económica que se genera”, dice. Explica que un espectáculo de la Plaza México beneficia a las familias de los trabajadores: toreros, ingenieros de sonido, la banda de música, los jueces, los vendedores, ganaderos, caporales, transportistas… “además de los beneficios que deja fuera del recinto, taxistas, hoteleros, restauranteros…”, subraya.

Como él, el torero de 22 años Orlando Mirafuentes de Anda, explica a La Razón que con tantos problemas de desempleo en el país, erradicar esta tradición sería un error, “al contrario, se debería alentar por todo lo que genera a su alrededor”.

El ahora matador comenzó en la profesión taurina a los ocho años, como becerrista, ve en el toreo “el sitio donde me siento más libre, pues estar en un ruedo significa la oportunidad de expresarme, la libertad de realizar arte, de sentir y de imponerme con inteligencia a la fuerza de un animal mucho más grande y pesado que yo”, y señala que el toreo “lejos de ser o no ser un arte, porque eso es algo subjetivo, es un trabajo que además generan empleos en distintas áreas”.

El juez de plaza Gilberto Ruiz Torres explica que lejos de los beneficios económicos de la fiesta taurina existe una tradición que crea sementales para el ruedo: “¿Cuál es la finalidad de tanta protesta contra la fiesta brava?, dicen que es proteger al toro de lidia, pero si es así, si erradicamos las corridas, desaparece el toro de lidia, así de fácil”.

Este tipo de ganado es caro, su precio comercial está por encima de los 2.250 euros y cuando serán enfrentados a toreros de gran importancia su valor puede llegar a los 8.750. “El toro que nos comemos cuesta 300 euros y matan, en peores condiciones, mil diarios, y nadie protesta. El toro de lidia llega a edad adulta. El toro que nos comemos vive dos años, máximo, encerrado en un corral, sólo comiendo para que no cambien y todo lo que coma lo absorba, para que paguen por él en kilos. El de lidia por su bravura se compra de 2.250 a 2.850 euros”, comparte.

La profesión de torero es un trabajo de altos costos, los trajes de luces que portan pueden costar desde 1.750 euros, las muletas y cada una de las herramientas pueden estar valuadas en 400 euros, un capote se encuentra hasta en 1.400 euros. Sin embargo, quienes deciden estudiar y dedicarse a la fiesta brava comienzan desde niños y en la familia. “Tengo la suerte de nacer en una familia taurina, por ello me viene en las venas. Siempre quise ser torero, comenzó como un juego y luego ya lo fui tomando en serio, es algo maravilloso”, comparte el matador Joaquín Angelino de Arriaga.

Una de las opciones que se han tomado en el mundo para las corridas de toros es no sangrar al animal; es decir, se utiliza velcro para pegar las banderillas en su lomo, así se evita lastimarlo (que no matarlo, pues en cualquier plaza se mueren después de una corrida); sin embargo, Angelino de Arriaga señala que de aplicarse este tipo de corridas (como se tienen en Portugal y Estados Unidos) “se perdería la grandeza que tiene la fiesta” Debe haber sangre, porque es la grandeza de la fiesta, un toro nace para morir. En el ruedo mis sentimientos se unen con los del toro, eso hace que tome sentido mi trabajo, la gente se vuelve loca cuando brindamos este ejercicio”.

Explica que la necesidad de sangrar al toro va más allá del espectáculo, pues de no hacerlo, podría morir de un infarto.

Fuente: La Razón

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