El Museo de la Maestranza, el más visitado de Sevilla

Como explicó Taurología en 2011, el Museo Taurino de la Maestranza de Sevilla es el más visitado de la ciudad y uno de los más concurridos de toda Andalucía, sobre todo entre los turistas extranjeros. Cada año, la cifra total de visitantes supera los 200.000 visitantes:

El Museo Taurino de la Real Maestranza de Caballería, alojado bajo los graderíos de la plaza de toros de Sevilla, es el más visitado de la ciudad y uno de los más vistos de Andalucía, sobre todo por turistas extranjeros, que buscan en este espacio las señas de identidad de la cultura española. Anualmente, el Museo supera los 200.000 visitantes, una cifra bastante similar a la que recibe el de Bellas Artes de la capital andaluza. Y es con gran diferencia el Museo privado que mayor número de visitas recibe cada año en Andalucía.

El Museo, que se inauguró en un acto presidido por S.A.R. la Condesa de Barcelona en abril de 1989, se encuentra dividido en cuatro zonas o salas, albergando colecciones dedicadas a la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, por un lado, y a la tauromaquia y de la propia Plaza, por otro. En su primera fase se compone de cuatro espacios diferenciados.
 
Y así, en la primera sala, se encuentran los fondos más antiguos, como el cartel en seda situado a la entrada, fechado en 1740. En unas vitrinas se muestra una variada representación de los servidores de la plaza en el siglo XVIII: timbaleros, desjarretadores y lanceros. También se dedica un espacio a los juegos caballerescos practicados por la nobleza durante los siglos XVII y XVIII, entre las que destaca un dibujo realizado por S.M. Felipe V, sobre los juegos caballerescos. Merece mención el uniforme donado por S.A.R. el Infante Don Carlos de Borbón-Dos Sicilias y de Borbón.
 
La segunda sala acoge pinturas de tema taurino del siglo XIX, entre las que destaca por su realismo la “Cogida de muerte de Pepe Hillo”, de Eugenio Lucas Velázquez, discípulo de Goya, mientras que la Sala Tercera está dedicada al toreo en la época de Juan Belmonte y Joselito el Gallo, con importantes obras esculpidas en bronce.
 
La tercera sala está dedicada al toreo en la época de Belmonte y Joselito el Gallo, y en el que pueden verse importantes obras esculpidas en bronce.
 
Los fondos más modernos se encuentran en la cuarta y última sala, donde una de las piezas más impactantes es la cabeza disecada de la vaca Islera, la madre del toro que mató a Manolete y a la que Miura, propietario de la ganadería, decidió dar muerte “para que no pariera más hijos asesinos”, ya que, según la leyenda, la bravura se transmite a través de los genes maternos.  Las cabezas de toros de las mejores temporadas están también en esta sala, junto a la del astado con el que tomó la alternativa Pepe Luis Vázquez en 1940.
 
El colorido de los trajes de luces y de los capotes de paseo atrae también a los visitantes que acceden al museo, donde hay vestuario de todas las épocas, como el que lució Joselito a los 14 años.
 
Las nuevas salas
 
Diez años después de su inauguración, la Maestranza inauguró una primera ampliación, ubicada en los que fueron las primitivas dependencias de la Enfermería. En estas nuevas salas se ha instalado una muestra de los fondos que guarda la Casa y el Archivo de la Maestranza.
  
Las nuevas salas acogen pinturas, estampas y lo que ha venido en denominarse piezas del “imaginario taurino”, es decir, abanicos, pequeñas esculturas, libros iluminados, incluso la serie de grabados coloreados a mano que ilustró la primera edición madrileña (1804) del libro La Tauromaquia o Arte de Torear escrito bajo la dirección del matador sevillano José Delgado Pepe-Hillo.
 
En esta primera sala cabe destacar un lienzo pintado por Carmen Laffón en homenaje a un banderillero muerto por asta de toro y un magnífico grabado de mediados del siglo XVIII que representa la primitiva plaza de toros de Madrid hoy desaparecida. Preside el espacio un interesante retrato anónimo de Costillares probablemente realizado a finales del siglo XVIII.
 
La nueva sala de pintura es una escogida muestra de la colección de óleos taurinos de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Allí se pueden contemplar lienzos de reses bravas en el campo, tantas veces representado pero jamás visto retrato de Paquiro con su esposa pintado por José Elbo y numerosas escenas de corridas de toros. Una mirada de conjunto sobre esta escogida colección permite asegurar que en el siglo XIX el momento de la corrida de toros que más interesaba y motivaba a los artistas era, sin discusión, la suerte de varas. Un lienzo sobresale: el retrato del Rejoneador en la plaza de Sevilla de José Gutiérrez de la Vega.
 
Otras tres salas se hallan dedicadas a la estampa taurina producida desde el siglo XVI hasta la actualidad. De éstas, la sala más amplia acoge una muestra de dos estampas de cada una de las distintas series de Tauromaquia que guarda el archivo de la Real Maestranza –desde la emblemática Colección de Principales Suertes…” de Antonio Carnicero realizada en 1790 y que influirá poderosamente en el resto de la producción posterior en España y en extranjero, pasando por los retratos de Juan de la Cruz Cano , por la inmejorable Caída del picador aguatinta realizada a partir de un dibujo del barón Sandoz-Rollin también del siglo XVIII, por un testimonio de dos estampas de la Tauromaquia de Edward Orme (Londres, 1813), por las Series Románticas de Wilhelm Gail, Victor Adam, Pharamond Blanchard, Louis-Eugène Ginain, Luis Ferrant, William Like Price, Gustave Doré, etc., hasta las casi contemporáneas de Alexandre Lunois.
 
En una de las salas contiguas se ha colgado una serie de estampas completas con la intención de que el público interesado pueda contemplar el despliegue de una serie en su plenitud: se ha seleccionado la Colección de principales suertes de una corrida de toros grabada por Luis Fernández Noseret, alumno que fue de la Real Academia de San Fernando influida por la obra gráfica de Carnicero. Estos grabados fueron realizados al aguafuerte sobre cobre, midiendo la huella de las estampas 178 x 239 mm .
 
Finalmente, en otra más pequeña se han expuesto doce grabados de las Tauromaquias de Francisco de Goya, una muestra de lo que se considera como la obra cumbre de la estampa taurina de todos los tiempos.
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