El ecocidio de los antitaurinos: prohibir las capeas en Cataluña arruina a los ganaderos y envía a cientos de animales al matadero

Gracias a Alexis Gallach llego a una entrevista de la revista Bous: La Nostra Festa con la ganadera Angelina Mur, del hierro de José Mur.

Ante la prohibición de las corridas de toros en Cataluña (decisión aún pendiente de revisión por parte del Tribunal Constitucional…), esta ganadería había optado por organizar capeas, principalmente para turistas extranjeros que quieren disfrutar del Arte y la Cultura Taurina, aunque sea de esta forma.

Sin embargo, un juzgado de la región atendió a las presiones de los grupúsculos radicales antitaurinos, dictando la suspensión de estos festejos populares, a pesar de que ni siquiera había sangre de por medio.

En la localidad de Alfara de Carles, ubicada en la provincia de Tarragona, el caso de la ganadería de José Mur no es un hecho aislado. También encontramos otros hierros como el de Rogelio Martí, quien igualmente ha recibido un duro golpe con la prohibición de las corridas de toros y las capeas populares.

Pues bien, ¿cuál es el saldo ecológico de la decisión de prohibir las capeas? Como explica Angelina Mur en la revista Bous: La Nostra Festa, su ganadería ha visto reducido su número de cabezas de ganado bravo de forma dramática, pasando de 400 a 120 animales. En paralelo, la riqueza económica de la zona también se ha resentido, ya que se han esfumado puestos de trabajo y oportunidades de negocio.

Muro declara que es “vergonzoso” que su ganadería tuviese que interrumpir la Temporada de Capeas dos semanas antes de lo que se había firmado con los clientes. Reflexionando sobre la dramática caída en el número de reses de su hierro, Mur apunta que “lo que los animalistas buscan realmente es la ruina y la muerte de los animales, ya que nosotros sin sustento e ingresos tendremos que abandonar la explotación, lo que también es el abandono de esos animales”. Mur es optimista y apunta que “espera poder recibir buenas noticias en breve”, ya que la decisión del juzgado es una medida cautelar que aún puede ser revertida.

¿Hablamos de un caso aislado, de un pequeño negocio que no es extrapolable? En absoluto: como ya explicamos en La Economía del Toro, la caída en el número de festejos taurinos que tanto celebran los antitaurinos (y que, felizmente, empieza a revertirse) ha reducido el número de animales que viven en el campo bravo en cerca de 80.000 reses. Aplicando la prohibición que anhelan estos grupúsculos radicales, la desaparición llegaría a casi 200.000 reses, un desastre ecológico en toda regla.

Pero esto no es solamente la teoría: la práctica la hemos explicado con el ejemplo de la ganadería de José Mur, que enfrenta una situación muy similar a la del hierro de Rogelio Martí. Es por esto que podemos afirmar que el único resultado real e indiscutible de las medidas de censura que promueven los animalistas es el desastre ecológico que supone la desaparición de una especie única como es el Toro de Lidia.

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Por otro lado, ¿estamos ante un mercado sin importancia económica, una anomalía residual? Eso es lo que quisieran afirmar los antitaurinos, pero la realidad es muy diferente: cada año, más de 12.000 turistas rusos viajan de Tarragona a Castellón para asistir a festejos taurinos. A esto se suman los miles de turistas de otras nacionalidades que siguen la misma ruta por el mismo motivo.

Y no solamente turistas. De sobra es conocido que las Plazas de otras regiones españolas y francesas cuentan con cientos de aficionados catalanes que se ven obligados a salir de su tierra para vivir su afición en libertad.

Incluso en Cataluña resisten de forma admirable los festejos de “corre bous”, que esquivaron la prohibición y siguen llenando calles y plazas. En la actualidad se celebran más de 50 festejos de este tipo cada año, por lo que haciendo una estimación conservadora de 2.000 asistentes en cada uno, hablamos de más de 100.000 catalanes participando en estos juegos del Toro.

Festejo de Corre Bous en Olot (Foto: Serafín Marín)
Festejo de Corre Bous en Olot (Foto: Serafín Marín)

PACMA CULPA ¡A LOS GANADEROS!

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