Palabras de Felipe VI en la entrega de la Medalla de las Bellas Artes a Victorino Martín

Es un verdadero honor y, sinceramente, por muchos motivos, nos alegra mucho acompañaros en este acto que, rinde homenaje cada año a quienes habéis destacado en el campo de la creación artística y cultural o habéis prestado relevantes servicios en el fomento, el desarrollo o la difusión del arte y la cultura o en la conservación del patrimonio.

Todas estas acciones se encuadran en un amplio y necesario concepto de defensa y promoción del arte y la cultura; algo fundamental para un país que posee una gran riqueza cultural, como el nuestro y, en definitiva, para cualquier país que desee ser reconocido, apreciado y respetado en el Mundo.

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Las Bellas Artes, así entendidas, favorecen tanto el desarrollo personal como el progreso colectivo. Buscan la belleza, estimulan el espíritu crítico y, al tiempo que impulsan el crecimiento en la esfera individual de la persona, contribuyen a la construcción y consolidación del sentimiento de comunidad, tanto hacia dentro de las sociedades, como hacia el exterior de las mismas.

Efectivamente, la creación artística en sí misma puede perseguir plasmar un ideal de belleza. Pero los resultados de esa creación, al ser percibidos, disfrutados, aprehendidos por los ciudadanos, logran establecer un sentimiento de comunidad de quienes se identifican con esa dimensión creativa.

Es claro que las Bellas Artes generadas por los creadores españoles impulsan una imagen de España que, por un lado, es compartida e identificada por nuestros compatriotas como propia y, por otro, representa fuera de nuestras fronteras una descripción singular de nuestra identidad y nuestras cualidades.

Vuestra obra os trasciende porque nos hace pensar, nos hace sentir, nos hace identificarnos como parte de un gran país que sabe proyectar y compartir su cultura con el resto del mundo. Y os damos sinceramente las gracias por ello.

Por otra parte, estas las Medallas al Mérito en las Bellas Artes llevan un foco de luz hacia vuestras personas, hacia nuestras obras, creaciones y esfuerzos; y tratan así de intensificar y ampliar su repercusión en la sociedad actual. No se trata de promocionar valores efímeros, de seguir patrones de modas o tendencias coyunturales, sino de agrandar y enriquecer nuestro patrimonio cultural —material e inmaterial— como valor intemporal de una sociedad; así como de ofrecer un reconocimiento —que lo es de todos— a los protagonistas, a los merecedores de nuestra permanente y profunda gratitud, a los que —aunque no lo busquen— hacen que nos sintamos más grandes y mejores como sociedad, como país y como nación.

Sabemos de las dificultades de vuestra tarea. Pero los sacrificios que habéis realizado, las alegrías que habéis experimentado, el singular significado que para cada uno de vosotros tiene el conjunto de vuestra producción y experiencia artística y profesional, son hoy ejemplo para muchos hombres y mujeres en nuestro país. El ejemplo de vuestra vida nos interesa a todos.

Se ha dicho que quizá el sentido del arte sea ofrecer incesantemente la opción de perfeccionarse a los hombres. Este galardón reconoce una vida, un camino personal o institucional, que nos lega en las obras entregadas, una referencia visible en la que se nos ofrece, al revivirlas y contemplarlas, ser también artistas. Se nos ofrece, así, una posibilidad de acción que trasciende el mero disfrute y nos permite, fundiéndonos en la dinámica de vuestra propia fuerza, también mejorar.

Permitidme deciros, también, que los artistas, los creadores, por difíciles que sean sus lugares de partida o las realidades con las que trabajen, sois también fuente inequívoca de esperanza. Vuestro oficio, que se ejerce en ese espacio maravilloso de libertad que salvaguarda y defiende la democracia, lleva ineludiblemente en su interior una carga de entusiasmo y optimismo que tiende siempre a derramarse por todos los espacios que atraviesa.

Por esa razón, vosotros mejor que nadie, podéis hacer llegar a los jóvenes creadores, y os pedimos que por favor lo sigáis haciendo, vuestra mirada y un gesto de aliento y estímulo para que en sus vidas y obras pueda hacerse realidad la idea de que en multitud de ocasiones, es en las dificultades y limitaciones donde la creatividad es convocada con especial intensidad.

La cultura recorre todo el entramado social de los pueblos. Las canciones, las imágenes, los símbolos, son connaturales al pensamiento y a la sensibilidad de los individuos y de las colectividades que estos constituyen. Decía Ortega que “el síntoma de un gran poeta es contarnos algo que nadie nos había antes contado, pero que no es nuevo para nosotros, (…) que todo gran poeta nos plagia”.  

Vuestras vidas son momentos esenciales de nuestra cultura; en todos y cada uno de vosotros reconocemos algo nuestro y encontramos referencias para expresarnos y comunicarnos. Las Medallas al Mérito en las Bellas Artes son un modo de confirmar, de reafirmar, que, en pleno esfuerzo por superar circunstancias adversas, estamos contentos de vivir y que en la vida hay una gran belleza. Vosotros así nos lo habéis mostrado. Como también nos habéis enseñado que no hay progreso sin cultura. Y como también sabemos que España no progresará sin vosotros.

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