El Rey Felipe VI preside la entrega del Premio Nacional de Tauromaquia a Paco Ojeda

El 16 de febrero, el torero Paco Ojeda recibió el Premio Nacional de Tauromaquia en una ceremonia celebrada en el Palacio del Pardo.

En su discurso de entrega de los Premios Nacionales de Cultura, el Rey Felipe VI pronunció las siguientes palabras:

Estos Premios suponen, igualmente, una muestra de gratitud colectiva hacia los que los reciben por su aportación a ese acervo común que nos define en la cultura. 

La producción artística es consustancial a toda sociedad abierta y vital. En este sentido, la pluralidad de perspectivas -de visiones y sensibilidades- de los grupos humanos queda impresa en la cultura; pues las obras de arte forjan cambios y en cada una de ellas pueden advertirse tendencias que, sin duda, contribuirán a moldear el futuro o a explicar parte de nuestro pasado.

La creatividad -de la que que vosotros galardonados sois un magnífico ejemplo-, es un impulso que está en lo más profundo del ser y del progreso de los pueblos. Entender el pálpito artístico y los lenguajes en que éste se traduce en cada cultura concreta ayuda a comprender los anhelos y aspiraciones de la sociedad.

Componer, inventar, recrear, escribir, fotografiar, escenificar, son actividades, hechos humanos que requieren trabajo, que requieren un tiempo, una intendencia, una economía. Vosotros lo habéis hecho en un momento difícil para nuestro país y sois, por ello, un ejemplo y un aporte de ánimo imprescindible.

La cultura atraviesa de modo transversal todos los sectores sociales, todos los ámbitos que vertebran nuestra convivencia. Y vuestras obras nos hacen llegar, generosamente a todos los españoles, una creatividad que irradia confianza en nosotros mismos, nos inspira y nos pone en disposición de seguir con fuerza hacia adelante.

Cada día más, los ciudadanos reclaman justamente una sociedad más humanizada, con más valores. En este contexto, es preciso recordar que, a lo largo de la historia, ha sido la cultura la que en gran medida ha marcado ese rumbo y la que nos ha abierto las puertas a mundos más sabios y justos. En días como hoy, con todos vosotros, podemos comprobar que este convencimiento se abre camino y que somos más conscientes de que el arte contribuye a que el mundo avance

Cada día más, los ciudadanos reclaman justamente una sociedad más humanizada, con más valores. En este contexto, es preciso recordar que, a lo largo de la historia, ha sido la cultura la que en gran medida ha marcado ese rumbo y la que nos ha abierto las puertas a mundos más sabios y justos. En días como hoy, con todos vosotros, podemos comprobar que este convencimiento se abre camino y que somos más conscientes de que el arte contribuye a que el mundo avance.

La cultura es, de hecho, sustento irrenunciable de una sociedad fuerte y sana, pues es un elemento que -permitidme decirlo así- “hace más humana a la Humanidad”. Y las artes son la manera en que el ser humano expresa esa necesidad de adherirse a la sociedad. La pulsión de comunicar, de decir, de contar, de compartir, es el espíritu que imbuye de vida a las artes, y la satisfacción de ese deseo beneficia al conjunto de la colectividad.

El arte, como han señalado pensadores y clásicos de la cultura, es también un instrumento de unión entre las personas y, en este sentido, herramienta de progreso. Como toda actividad humana, el arte es especialmente sensible a las transformaciones que el mundo experimenta y, por ello, ha de contribuir a la configuración de un orden siempre más justo.

El potencial creativo e innovador, elemento fundamental de la labor del artista, debe servir para dar vitalidad al tejido con que se fabrican las ideas, pues las ideas, al servicio de las personas y de la comunidad -del interés general-, son el cimiento sobre el que se construye el futuro. Asimismo, la experiencia nos revela que para que las expectativas de futuro se cumplan son también precisas imaginación, dedicación y entrega; nuestro porvenir debemos construirlo nosotros mismos. 

La trayectoria artística que habéis logrado pone de manifiesto una gran fecundidad. Pero sabéis, seguro, que necesitamos y queremos que sigáis trabajando. Por ello estos Premios tratan también de incentivar una mayor intensidad, si cabe, en vuestro afán creativo. Porque el arte nos mejora. Muchos de los grandes cambios que han acompañado al progreso han ido de la mano de escuelas y movimientos artísticos, y siempre ha correspondido a la obra y vida de los creadores un papel relevante en esas épocas históricas. Porque un pueblo culto hace grande a una nación.

Los artistas, los creadores, realizáis continuamente un ejercicio sincero de confrontación con vosotros mismos, con vuestras emociones y pensamientos. Y los hoy premiados, al crear vuestras obras, habéis contribuido, sin duda, a fortalecer valores indisociables a nuestra convivencia.

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En su intervención, el Ministro de Cultura José Ignacio Wert ha pronunciado las siguientes palabras:

Tras Paco Ojeda, la Tauromaquia fue abordada desde nuevas perspectivas. Nunca hasta él se había visto templar tanto en tan corto espacio. Ni conseguir tan largos y hondos pases en terreno tan exiguo. Su éxito en Sevilla el 12 de octubre de 1982 convulsionó el toreo. A partir de esa fecha se “ojedó” el arte de la emoción, con la imborrable figura de este genial torero.

reyes_cultura_premios_20150216_45La biografía del maestro Ojeda que ha publicado el Ministerio de Cultura destaca lo siguiente:

Nacido en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en 1955, tomó la alternativa en El Puerto de Santa María en 1979 de manos de Santiago Martín ‘El Viti’, y José Luis Galloso como testigo, con el toro ‘Rompeluna’ de Carlos Núñez. Realizó la confirmación de su doctorado en Madrid en 1982 apadrinado por José Luis Parada y de testigo F.R. Gallito de Zafra, con el toro ‘Canastillo’ de Cortijoliva. En sus dos apariciones en Las Ventas ese verano provocó una auténtica revolución en el mundo taurino.

En 1982 salió a hombros por la Puerta Grande de la Real Maestranza de Sevilla, tras cortar cuatro orejas a un encierro de Manuel González que estoqueó en solitario. Un año después salió a hombros de la Monumental de Barcelona al cortar tres orejas a su lote. Ese mismo año cortó cinco orejas en Nimes (Francia). En 1983 fue el dominador del escalafón de matadores.

Ha sido uno de los revolucionarios del toreo con una gran personalidad estética y su concepción del mismo ha ejercido una enorme influencia en toda la tauromaquia posterior, méritos que ha reconocido el jurado.

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