La tauromaquia aporta casi 100 millones de euros a la economía del Perú

El movimiento económico generado en el Perú a partir de la tauromaquia, es considerable. Se celebran más de 600 festejos al año en todo el país, movilizando a más de 3 millones de compatriotas; lógicamente, ello produce una considerable actividad económica.

Quizá haya quien se sorprenda por la magnitud, pero solo sería porque hasta ahora, no se había evaluado de forma cuantitativa lo que la tauromaquia representa para la economía nacional y cuánto aporta al Estado. Pero es evidente que tantos centenares de festejos taurinos, en más de 230 plazas de toros firmes, en muchas plazas portátiles, e inclusive en las plazas públicas de los pueblos, tiene que representar un enorme flujo económico.

Sin embargo, existen actualmente en el Congreso de la República, al menos tres proyectos de ley que pretenden prohibir la tauromaquia, bajo el pretexto de proteger a las mascotas; como si los toros de lidia fuesen mascotas o animales domésticos; no son ni lo uno ni lo otro.

No sorprende el divorcio mental, cultural y de sentimientos entre muchos legisladores y sus electores; he ahí las cifras de las reiteradas encuestas que muestran la desaprobación popular del Congreso y sus integrantes. Lo que no solo sorprende, sino inclusive indigna, es que los tres proyectos dicen −poco más o poco menos, pero en esencia lo mismo−, en su manipulado y errado análisis costo-beneficio: “El proyecto de ley no irrogará gasto alguno al Estado”. No es algo poco frecuente en los proyectos de ley del Congreso.

En 2013, la revista Perú Económico reveló que “El 83% de los proyectos de ley presentados en el Congreso de la República tiene un análisis de costo-beneficio incorrecto e incompleto; la mayoría de proyectos no evalúa el costo de oportunidad, el impacto de la aplicación de la ley en la sociedad como conjunto o los efectos que se generarían a largo plazo.”

EL IMPACTO DE TRES MILLONES DE ESPECTADORES

Asisten más de tres millones de espectadores a las corridas en el Perú. En el estudio, se han dividido las plazas de toros en cuatro categorías: Acho, las plazas de primera, las de segunda y las de tercera categoría; la categorización se efectuó en función al número de espectadores que caben en cada una, el número de toros lidiados, la cantidad de matadores y subalternos que actúan en ellas y la magnitud de las poblaciones en las que se encuentra cada plaza.

Esos tres millones de espectadores tienen diferentes niveles de gasto, en transporte, alimentación (comida y refrescos) y alojamiento, de acuerdo a la categoría de la plaza a la que asisten. La mayor parte son aficionados locales, pero un porcentaje importante proviene de pueblos cercanos y una minoría, llega desde lejos. A las cifras del estudio se les aplicó el multiplicador establecido por el Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú (INEI) para el sector de hotelería y restaurantes; según INEI “dicho multiplicador representa el ratio del impacto total de cualquier actividad económica sobre el PBI, que viene a ser la suma de los impactos directos, indirectos, e inducidos, sobre un impacto inicial o directo”. La cifra resultante, correspondiente al efecto en la economía, a partir de la movilización, alimentación y turismo de los aficionados taurinos es de 198 millones de soles anuales, casi 60 millones de euros.

A las cifras totales de la venta de ganado de lidia se le aplicó el factor del INEI correspondiente a la actividad agropecuaria y a los gastos por honorarios de toreros, subalternos y gastos relacionados a la organización de las corridas, el multiplicador del INEI de servicios no mercantiles. La cifra resultante de aporte al PBI nacional de 2014 es de 128 millones de soles, unos 38 millones de euros.

Dicen los autores de los descabellados proyectos de ley mencionados, que pretenden prohibir la tauromaquia en el Perú: “El proyecto de ley no irrogará gasto alguno al Estado”. ¡Falso! El Estado dejaría de percibir, si se prohibiese la tauromaquia, 17,1 millones de soles al año por menor recaudación del Impuesto General a las Ventas (5 millones de euros) y 3,5 millones de soles anuales por menor Impuesto a la Renta (1 millón de euros).

Asimismo, de prohibirse la tauromaquia, otros organismos adscritos al Estado −como la Municipalidad del Rímac y la Sociedad de Beneficencia de Lima (SBLM), que depende de la Municipalidad de Lima− dejarían de percibir 2,8 millones de soles adicionales al año (830.000 euros).

El Rímac recibe el 10% de la taquilla de la Plaza de Acho y la SBLM cobró en 2014, 1,7 millones por el arrendamiento de Acho (500.000 euros), más una inversión en el monumento que es la plaza –que es a su vez, importante factor en la calificación de Lima por la Unesco, como Patrimonio de la Humanidad− de más de 600 mil soles (180.000 euros).

Más público que el fútbol

Se dice que el fútbol es el primer espectáculo de masas y el más popular del Perú. Otra falsedad o al menos, una grave ligereza. En 2014 –según datos de la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional del Perú−, asistieron a todos los partidos del Campeonato Descentralizado de Fútbol y del Campeonato Inca (incluyendo los tres play offs por el título nacional), solo 1,35 millones de espectadores (incluyendo pagantes e invitados), lo que produjo una recaudación total de 45 millones de soles. La comparación entre el erradamente llamado “primer espectáculo de masas del Perú” y la tauromaquia nacional, es notable y reveladora.

El efecto multiplicador del turismo taurino

Los festejos taurinos atraen turistas nacionales y extranjeros a las ciudades y pueblos del interior del Perú. Esos visitantes incrementan el consumo en dichas localidades, generando un bienestar económico que trasciende los días de corrida.

Según un estudio del Instituto Peruano de Economía, “El turismo es un sector crítico para el crecimiento económico; demanda gran cantidad de empleo (generalmente local), incrementa el ingreso promedio de los pobladores y cuando asisten turistas extranjeros (agregamos nosotros: sobre todo en los casos de los festejos taurinos de Cajamarca, Puno y Lima) es una importante fuente de divisas. Para un país en desarrollo como el Perú, el turismo juega un importante rol en la reducción de la pobreza y tiene efectos (positivos) que no son fácilmente cuantificables. Por ejemplo, en lo referido a la imagen global, la difusión de la cultura y las tradiciones, así como incremento del atractivo regional para futuras inversiones.”

Hay que decir que esos efectos “no cuantificables de forma precisa”, son factores −que gracias al turismo− toman en cuenta la notable mejora en la moral de la población. Dicha moral exultante y optimista, induce a una mayor productividad, incentivando el anhelo de progreso y superación, a través de los ‘animal spirits’, los motivadores psicológicos que se traducen en una mejora macroeconómica general y que fueron identificados por Keynes en 1936 y luego descritos magistralmente por los premios Nobel de Economía George Akerlof y Robert Shiller.

En conclusión, el turismo ha sido y es la principal fuente de desarrollo de los pueblos donde se celebran corridas de toros; durante las ferias taurinas y en los meses posteriores.

(vía Pablo J. Gómez-Debarbieri)

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