Un repaso histórico a las prohibiciones que ha sufrido la tauromaquia

El discurso antitaurino suele argumentar que la Fiesta de los Toros goza de un notable arraigo popular en España gracias al amparo y la protección que ha recibido por parte del poder político. En realidad, basta con echar un vistazo atrás para comprobar que la tauromaquia ha sido perseguida en distintas épocas por todo tipo de gobernantes.

El académico Álvaro Luis Sánchez-Ocaña, de la Universidad de Salamanca, ha publicado un interesante ensayo sobre las prohibiciones históricas que ha sufrido la Fiesta de los Toros en España.

  • El IV Concilio Ecuménico de Letrán (1215) prohibía asistir al clero y cuestiona al torero profesional.
  • En Perú, a partir de 1551, se prohibió la asistencia al clero. Algo parecido ocurriría en México, con cuatro concilios provinciales que insistieron en esta línea (1555, 1565, 1585 y 1769).
  • Diversas disposiciones de distintos sínodos – Burgos (1503), Sevilla (1512), Ourense (1539) y Oviedo (1553) – prohiben asistir al clero.
  • Los concilios de Toledo, Granada y Zaragoza (1565-1566) prohibieron asistir al clero.
  • Las Cortes de Valladolid de 1555 pidieron a la Corona que acabase con las corridas.
  • Las Cortes de Madrid de 1567 vuelven a solicitar al Monarca que termine con los festejos taurinos, si bien Felipe II se pronunció en contra de la prohibición (“esta es una antigua y general costumbre de estos, nuestros Reinos”).
  • El Papa Pío V promulga en 1567 la bula De Salute Gregis que excomulgaba a los reyes cristianos que celebrasen corridas de toros en sus territorios. Felipe II nunca llegó a cumplir esta instancia. Gregorio XIII retoma esta cuestión en 1575, promulgando la bula Exponis Nobis, que levanta la excomunión y solamente la aplica al clero que participe en los festejos, además de pedir que no se celebren corridas en días de fiesta o que se eviten desgracias en los espectáculos. Sixto V revierte este giro y pone de nuevo en vigor la bula de Pío V, pero Clemente VIII, en 1596, promulga la bula Suscepti Numeris, que libera de toda condena a quienes participen de la Fiesta.
  • Las Cortes de Madrid de 1587 retoman la crítica a los festejos taurinos, esta vez con argumentos económicos que luego fueron retomados en tiempos de los Borbones. Se criticaba el absentismo laboral, el encarecimiento de las carnes, la menor productividad del ganado…
  • Felipe V decretó en 1704 una prohibición regional que impedía la celebración de festejos taurinos en Madrid y alrededores. El propio monarca restableció los festejos a partir de 1725.
  • Fernando VI prohibió los festejos taurinos en 1754, dejando abierta la posibilidad de celebrar festivales benéficos. Un lustro después, en 1759, se restauró una situación de plena libertad.
  • Carlos III, con una Real Orden de 1778, prohibe que se desarrollen nuevas Ferias taurinas e insta al Consejo que revise las que ya están en vigor. La Real Pragmática Sanción de 1785 fue más allá y decretó la prohibición de festejos taurinos, salvo en aquellos pueblos en los que hubiese celebraciones benéficos. El incumplimiento fue generalizado, motivando una Real Orden en 1786 que ordenó la suspensión de todas las licencias, salvo las de las plazas de Madrid. En 1790 se emitió una Real Provisión dirigida contra los festejos populares.
  • Carlos IV constató que no se cumplieron las prohibiciones decretadas por Carlos III. En 1805 firmó la Real Pragmática que prohibía de manera absoluta todo tipo de ritos taurinos.
  • José Bonaparte abogó por recuperar los festejos taurinos, celebrando incluso su proclamación con dos corridas de toros. Una vez concluye la Guerra de la Independencia, la actividad taurina vuelve a aumentar, constatando el incumplimiento generalizado de la prohibición de 1805.
  • En 1877 se registra una proposición de ley que aboga por acabar con las corridas y los festejos populares. La iniciativa del Marqués de San Carlos también planteaba la prohibición de construir nuevas Plazas. Ocho años después, en 1885, volvió a presentarse la misma proposición de ley. En ambos casos fue retirada.
  • Tras el fallecimiento de Frascuelo (1876) y de El Espartero (1894), el Congreso debatió una prohibición de los festejos taurinos que iba en la línea de lo que planteó el Marqués de San Carlos. Una vez más, la iniciativa fue retirada.
  • En 1900 se emite una Real Orden que prohibe las corridas de toros. La falta de cumplimiento motiva dos decretos más en 1904 y 1908, aunque igualmente se constató que la Fiesta siguió adelante.
  • Mediante la Real Orden de junio de 1928 se prohiben las capeas en todo el territorio español, aunque una vez más no se cumplió este decreto.
  • En los primeros compases de la II República se promulga una Orden que trataba de terminar con los festejos taurinos, llegando al punto de autorizar la destitución de aquellos alcaldes que otorgasen permisos para la celebración de corridas. En 1932 se relaja esta postura aunque se emite una nueva disposición que prohibe los festejos populares, postura que se reiteró en 1935 con el Reglamento de Policía y Espectáculos Públicos.
  • Durante el régimen de Franco, el Texto Refundido del Nuevo Reglamento de Espectáculos Taurinos, emitido en 1962, prohibe que se celebren festejos populares, salvando encierros de carácter tradicional como los celebrados en Pamplona, Cuéllar, Segovia o Ciudad Rodrigo.

Aquí pueden descargar el documento al completo. Otro vistazo de interés, centrado en las prohibiciones dictadas por la Iglesia, está disponible aquí.

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