Defender los toros, defender la libertad

Se podría hablar aquí de los 3.500 millones de euros que genera la tauromaquia para la economía española. Se podría hablar también del importante estudio científico que acaba de acreditar que el toro de lidia es una raza única. Se podría abundar en que la asistencia a las plazas de toros creció un 5% en 2014 y en que sube otro 4% en lo que va de 2015. Se podría explicar que la Fiesta garantiza la conservación de la dehesa vertebrando cientos de miles de hectáreas de alto valor natural. Se podría incluso celebrar el regreso de los toros a San Sebastián, que tendrá lugar esta misma semana.

Lamentablemente, la actualidad obliga a dejar a un lado esas cuestiones y abordar un problema que ha ido a más en los últimos años. El de la violencia antitaurina. Desde hace tiempo, Libertad Digital ha denunciado la intolerancia de grupos radicales que, financiados desde el extranjero, se escudan en su rechazo a la Fiesta para perptrar todo tipo de ataques contra profesionales y aficionados.

Amparados por una clase política que se mueve entre el oportunismo, el sectarismo y la inoperancia, estos colectivos han ido ganando terreno a la libertad. ¿Qué hacer para ponerle remedio? En realidad, la protección de la tauromaquia sería efectiva si se hiciese valer el Estado de Derecho. En primer lugar, el Tribunal Constitucional debería pronunciarse de una vez ante la liberticida prohibición de los toros que aprobó el Parlamento catalán hace ya cinco años. En segundo lugar, deberían cumplirse las leyes 18/2013 y 10/2015, que regulan la Fiesta como Patrimonio Cultural de España y obligan a los poderes públicos a garantizar su conservación.

En paralelo con todo lo anterior, las autoridades deben frenar de una vez por todas la violencia antitaurina. El pasado mes de abril, la Policía anunció una instrucción general de obligado cumplimiento que instaba a alejar a estos grupos de las plazas. En este sentido va también la proposición no de ley introducida a finales de mayo en la que se solicita al Ministerio de Interior que adopte “las medidas de protección necesarias para que los festejos taurinos puedan desarrollarse con normalidad”.

¿Y qué hay del sector taurino? Ante semejante reto, se hace más urgente que nunca la constitución de un organismo representativo capaz de poner en valor la tauromaquia y de luchar contra los ataques que padece. Los últimos acontecimientos deberían precipitar esa reacción, para que artistas como Morante de la Puebla puedan ejercer su profesión en paz y valientes como Sebastián Castella sigan llenando los cosos.

En última instancia, lo que está en juego es mucho más que los toros: es la libertad.

Fuente: Editorial de Libertad Digital publicado el martes 11 de agosto.

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