Editorial: Broncas, triunfalismo… ¿Qué dicen las cifras?

La bronca reacción de algunos segmentos de la afición de Madrid en el arranque de San Isidro 2017 pone de manifiesto la brecha entre determinados sectores y el resto de los asistentes al Foro madrileño. Lo que está pasando en Las Ventas es, en gran medida, el reflejo de la creciente brecha que separa a los aficionados más inconformistas con otros aficionados que ven el estado de la Fiesta con más optimismo.

La última Encuesta de Hábitos Culturales ofrece datos interesantes sobre esta cuestión. En el apartado dedicado a los toros, se pregunta por el grado de satisfacción de los espectadores de festejos taurinos, en una escala de 0 a 10. Un 37,6% califica con un 9 o un 10 su paso por los toros, mientras que un 43,4% le otorga un 7 o un 8. Por el extremo contrario, solo un 2,1% puntúa su experiencia con un 0, 1 o 2, mientras que apenas un 2,5% asigna un 3 o un 4. En la zona media, el 14,4% evalúa su contacto con la Fiesta con un aprobado “raspado” (5 o 6 puntos). La nota media es un 7,8. La visión pesimista sobre el desarrollo espectáculos es minoritaria. Para bien o para mal, eso es así.

Si medimos el número de trofeos otorgados en las Plazas, también tenemos una fotografía más o menos clara de lo que ocurre en el circuito. Según datos de La Economía del Toro divulgados en Toros TV, el porcentaje de orejas cortadas en corridas de toros celebradas en cosos de Primera categoría oscila entre el 5,7% de Madrid y el 25% de San Sebastián. Si acudimos al circuito de Segunda, vemos que los porcentajes se mueven entre el 40% y el 60%. En las plazas de Tercera, el promedio es aún más alto. El paso del tiempo no parece mover significativamente estos porcentajes. Algo similar ocurre con las estadísticas de indultos o toros de  vuelta al ruedo. Otra vez, nos topamos con menos reconocimientos en los cosos de mayor nivel, más galardones en el circuito menor y cifras estables a lo largo de los últimos años.

De manera que, con datos objetivos, parece clara cuál es la valoración que hacen los consumidores. Por un lado, una gran mayoría es optimista sobre el espectáculo. Por otro lado, el grado de exigencia a la hora de conceder trofeos va a más o a menos dependiendo de la importancia de la Plaza. Hasta aquí una valoración fría de los datos.

A continuación, quisiéramos referirnos al agrio momento que viven los tendidos de Las Ventas, que reproduce en gran medida las polémicas que podemos leer a diario en las redes sociales. ¿Es posible reconciliar ambas posturas? Eso mismo ha intentado hacer André Viard con el opus número 41 de la revista Tierras Taurinas, que dedica uno de sus capítulos a evaluar la variedad de la temporada europea. Como plantea el autor galo, los aficionados tienen a su alcance miles de festejos al año. Por suerte, la programación es razonablemente variada. Por un lado está el círculo de las corridas de figuras, consagrado a los espadas más taquilleros. Por otro lado está el circuito de las corridas duras, el granero torista de la temporada. Y, entre esas dos aguas, un largo etcétera de variantes: toreros mediáticos, jóvenes promesas, matadores veteranos, novilleros con hambre de triunfo, rejoneadores… Por no hablar de los miles de festejos populares que se celebran a lo largo y ancho de España, Portugal y el sur de Europa, con sueltas, encierros, recortes y un largo etcétera de tradiciones locales.

España acoge anualmente cerca de 1.600 festejos taurinos mayores y más de 17.000 festejos populares. A esas cifras hay que sumarle la oferta complementaria que nos brindan Portugal y Francia, nuestros países vecinos. También contamos con la posibilidad de cruzar el charco para conocer la tauromaquia americana y con la suerte de seguir la temporada a través de Toros TV, que emite más de 100 festejos de primer nivel, y de los canales autonómicos. Hay, por tanto, un amplio abanico de posibilidades al alcance del aficionado. Desde este planteamiento, siempre es posible diseñar nuestra propia temporada. ¿Que un cartel nos genera malestar desde el mismo momento en que se anuncia? Entonces quizá es mejor buscar otro plan para ese día y ahorrarnos el dinero de la entrada en busca de una combinación que nos resulte más atractiva. Tenemos libertad de elegir. Disfrutémosla.

Por fortuna, la tauromaquia otorga al público un papel muy relevante, de manera que siempre hay momentos para juzgar en libertad el espectáculo que estamos viendo. Después de cada tercio, después de cada tanda, después de cada estocada… llega el momento del aplauso, el silencio o, si es preciso, la bronca. Pero eso no tiene nada que ver con la bronca continuada, con las descalificaciones en plena faena… La consolidación de una actitud hostil puede resultar contraproducente y volverse en contra de quienes propugnan esa forma de estar en la plaza. Cuando la hostilidad es tan abiertamente manifiesta, los reclamos legítimos se terminan diluyendo y el resto de los espectadores se va alejando cada vez más de esa forma de interpretar lo que ocurre en la plaza.

Sirvan estas líneas como reflexión constructiva y como llamado a la concordia, si acaso es posible. Y, ante todo, un deseo: que la temporada vaya bien, para todos.

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